jueves, 7 de mayo de 2009

Internet y el Absoluto


El ser humano es un ser absoluto. No puede ser parcializar, no puede ser casi un ser humano. Pero tampoco vale exagerar, porque cuando exagera, el ser humano llega a pensar que hasta sus creaciones son absolutas, y cualquier gilada pasa a tener una categoría que, no sólo no merece, sino que es ridícula.
Así, internet, por ejemplo. Para el sector que la usa a diario se ha convertido en “el” lugar donde todo ocurre, porque ahí lee los diarios, manda correos de laburo o de güevadas, chatea con los amigos, deja sus fotos, sus ideas –porqué no?-, sus opiniones y, ahí está el quilombo. Entonces, empieza a creer que es verdad que la net es real y, por tanto, absoluta.
El tipo saca información de la red, sin chequearla, la da por cierta; si hay un chorizo de opiniones en un foro, y casi todos coinciden, esa es la verdad revelada. El muñeco ya pifió dos veces: no todo lo publicado –en ningún lado, pero eso es tema de otra entrada- es real o verdadero, sin entrar en consideraciones filosóficas sobre poder y verdad o dominio y realidad, y “todas” las opiniones en la red no son más que las que puede haber en una cuadra de la ciudad de Buenos Aires, no más.
No entremos a analizar las encuestas o consultas varias a los participantes de foros o lectores de una página, porque los resultados –obviamente- no resistirían ningún análisis, dado el sesgo que tendría impuesto por la inclinación del sitio: en un sitio de Racing, nadie va a decir que Independiente juega bien –yo tampoco lo voy a hacer- porque sería armar bardo al pedo y hasta suicida, si alguien lo identifica.
Esto no sólo se cumple en el futbol, también va para gustos artísticos: no elogiar la cumbia donde se habla de música barroca; política: los K nunca van a salir bien parados de La Nación; transporte: nunca funcionará el tren en una página de camiones; economía: dejar a los neoliberales en su lugar y a los keynesianos en el suyo; o el espectáculo: jamás mezclar vedetes, modelos, bataclanas o actrices, a menos que ellas mismas lo hagan.
Por la buena salud, el ser humano puede ser absoluto, pero internet es un pequeñísimo rejunte de tribus ya que, si bien se conecta a ella la mitad de la población, sólo hay tres millones de cuentas, la mayoría de los que entran son menores de edad en los cibers, para jugar o –muy de tarde en tarde- buscar algo para la escuela. Lo que habla a las claras que está aún muy lejos de aquella democracia cibernética que prometían: es tan sólo otro divertimento para la clase media, mucho menor que el teléfono y la televisión.
Por lo tanto, a no agrandarse que no es –ni mucho menos- absoluta.