viernes, 24 de abril de 2009

Bajar la imputabilidad, contra la inseguridad


Estamos a punto de entrar en otra dimensión social: los argentinos vamos a superar esa incertidumbre diaria, ese temor que nos asalta día a día antes de salir a la calle. Era simple y se está por realizar: van a bajar la edad de imputabilidad penal para que los delincuentes juveniles no amenacen más nuestra existencia.

Pero eso –que de suyo es bueno- no es sólo alentador de por sí, sino que establece un antecedente que generará un círculo virtuoso que implica la posibilidad de reformar la ley dentro de un año y volver a bajar la ley, si esos monstruos adolescentes persistieran en su determinación y volver a hacerlo después, y después, y después. El único límite serían los dos años de edad, dado que a los delincuentes de un año y medio no se les entiende bien cuando espetan las amenazas y, además, no son muy duchos con las armas, lo que los hace menos peligrosos.

Aplaudo la valentía de la diputada Velarde de proponer ya bajar la edad hasta los 12 años, acelerando ese proceso. Porque me sublevan los energúmenos de esa edad que ponen en jaque a las fuerzas del orden que día a día muestran paciencia, bonhomía, contracción al trabajo, ejerciendo control sobre hinchas –no barras bravas-, maestros manifestantes, pizzeros rebeldes que no quieren convidarles, quinieleros que se niegan a compartir ganancias, conductores sin el último recibo del seguro y todo otro tipo de peligrosa lacra urbana.

Es necesario terminar con el paco, la cerveza, la cumbia villera y la ropa trucha de La Salada. Es imperioso educar a esos jóvenes para que cambien sus gustos e inviertan en blanca de la buena, vinos de alta gama (voto por un Perdriel Centenario), algún concierto de música barroca y ropa de algún shopping (Etiqueta Negra no está mal), con lo que volverían a ser socialmente aceptables.

Estos cabezas son descendientes de los que hacían asado con el parquet. Genéticamente no pueden aprender y así nos va, porque este país es genial, lo malo es la gente… aunque las playas del Pacífico sur son mejores que Mar del Plata, es mejor esquiar en Aspen que Valle Nevado, más atractivo el Sahara que la Patagonia

Bueno, pero igual, sin gente este país sería mejor, entonces –debo retractarme, sin límitea- hay que seguir bajando la edad de imputabilidad no parar en los dos años, hay que llegar a los nonatos, anticonceptivos, control de natalidad, basta de pobres con mal gusto y poca educación.

Hay que terminar con los derechos humanos y los jueces garantistas. Ellos hablan así porque no lo sufrieron en carne propia. No pueden hablar, como tampoco ese pendejo cardiólogo que nunca tuvo alta presión no puede decirme que coma con menos sal, que deje de fumar, que adelgace, que camine, si él que sufre es mi corazón y no el de él.

Ya lo sabemos todos, los medios no mienten, estamos en el país más violento del mundo, muy lejos de paraísos de la seguridad como Estados Unidos, Rusia, Colombia, Medio Oriente. Los problemas argentinos terminaran cuando se termine con la puerta giratoria y no cuando se distribuya bien el ingreso, ¿qué es eso del 50 y 50?: un triste invento de Perón, un milico, y de Evita, una actriz.

Y tengamos en claro algo: los adultos no somos responsables de nada…